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En la mañana del sábado, nuestro Cadete B disputaba un importante partido en terreno del Maristas. Desde el minuto 1 el equipo local puso cerco a nuestro marco. Presentábamos algunas bajas y el equipo reculó, por la presión y buenas acciones del equipo rival. En 16 minutos ya teniamos tres goles en contra, el último de lanzamiento de un penalty, algo riguroso. Es verdad que desde el principio, un familiar estuvo insultando al árbitro y que desde el penalty, nuestro 2º entrenador se dirigió al árbitro con, según el Acta, "insultos y amenazas". Desde aquí, nuestra más enérgica repulsa a esas acciones que en nada benefician el desarrollo lógico y normal de la práctica de este deporte. Pero tambien es verdad que fueron hechos aislados, puesto que tanto el resto de espectadores, como jugadores y técnicos, el encuentro se desarrollaba sin ningún tipo de problema. En el minuto 17, y ante la sorpresa general, el árbitro para el juego y pide al delegado de Campo que llame a la Policía porque, según él, peligraba su "integridad física" (?). Como se tardaba en llamar a la Policía, decidió suspender el partido. Lamentamos estos incidentes y conocemos la Circular que regula los Judex, pero, a veces, el arbitro ha de ser un poco más lógico y sentirse menos protagonista porque, en nigún momento, hubo, en el partido nada más que incidentes puntuales que, en nuestra opinión, no justificó la suspensión. Y si la Circular se lleva a los extremos (como se ha hecho en este caso), pocos partidos terminarían.
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